Con Cataluña y su política presente en un constante horizonte televisivo, las miradas se han centrado en una pequeña pero valiosa academia de Barcelona. Y es que España está de enhorabuena. La televisión lo necesitaba. Los espectadores lo necesitaban. Y, sobre todo, la música lo necesitaba. Operación Triunfo ha significado el regreso de un programa mítico en el que se perfilan unas estrellas que empiezan a lucir. Las máquinas de ese arte han vuelto a funcionar y el público lo agradece.

Más allá de lo que demuestran los datos de audiencia, el formato de Gestmusic ha rememorado un revuelo que ya provocó en sus años de inicio, pero adaptado al mundo de hoy. Las redes sociales, en realidad todas las plataformas, son buenas para extender su dominio. Directos de más de 16 horas en Youtube y miles de comentarios por Twitter. Mucho trabajo visible y otro en gran medida de forma encubierta. En definitiva, algo por lo que la televisión pública puede fardar en unos tiempos en los que está en el ojo del huracán. Programas suspendidos, otros tantos en una revisión eterna debido a supuestas manipulaciones o falta de objetividad, denuncias de los sectores internos y un sinfín de polémicas que no dejan a nadie indiferente.

Pero al final ha salido a relucir la joya de la corona. OT 2017 es un cómputo de aciertos que empieza desde los profesores que acuden a la academia y que llega hasta los jóvenes escogidos para participar. Voces del sur y del norte que, además de mejorar sus dotes de cantantes, lucen una forma de vivir que refleja la España del siglo XXI. De Navarra, Barcelona, Madrid o Galicia. Heterosexuales, homosexuales o bisexuales. Convivencia y saber estar para conseguir un objetivo común.

En un momento en el que las alegrías parecen escasas o, mejor dicho, pasan desapercibidas entre tanta tormenta, Operación Triunfo puede sentirse orgulloso. Muchos son los que dicen que será una edición histórica por la familia creada y en la que, más allá de los propios participantes, están incluidos los profesores. Manu Guix, Noemí Galera, Laura Andrés, Mamen Márquez o la revelación de la cinematografía nacional, Javier Calvo y Javier Ambrossi, entre muchos otros. Tal rebaño no podía estar mejor conducido que por un pastor como Roberto Leal. Veteranía, personalidad y cercanía concentrado en un mismo rostro, joven y actual con una capacidad soberbia de comunicar. Se repite la fórmula: personas de diferentes lugares que ponen su empeño para conseguir un determinado resultado. No hay censura, no hay pretensiones más allá que las que genera la propia música y no hay experimentos. Cuando se juntan estrellas es muy complicado que algo no luzca. Y Operación Triunfo no falla. Luce y lo hace bien. Esta televisión pública sí nos representa.

Autor: M.M

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