Vaya por delante que única y exclusivamente será válida la palabra de un juez, dotado de conocimientos y peso legal, la que decida lo que se ajusta a la norma y lo que no.

Pero no queda más remedio que tomar por salvajes, lo mismo con fortuna lunáticos, a los cinco acusados de violación. ‘La manada’ protagonista de los Sanfermines tendría que haber sido la que llevaba los cuernos, literalmente, y no una banda de presuntos delincuentes que optaron por celebrar sus fiestas a costa de otra persona. “Puestos a tirarse por un puente, que sea el de San Francisco” es lo que debieron pensar. Porque, si no fuera suficiente abusar de alguien, lo hicieron de una joven de 18 años.

El “qué poco hombres fueron” se queda anticuado. Les queda mejor el “qué poco humanos”. O incluso el “qué poco racionales”. Y es que, a pesar de tener la oportunidad de salvarse con quemaduras de tercer grado en el juicio final, la “manada de imbéciles” ha preferido arder. Lo harán en las calles y luego, seguramente, entre rejas.

Sesión tras sesión, si es que este es el término indicado, la defensa busca exculpar a sus clientes. Sacarles del terreno de la violación para situarles en la zona de “participantes de orgía”. No se dan cuenta de que están cegados por la culpa. Lo mismo sí lo saben pero creen que no hay vuelta atrás. Se equivocan. Para el perdón, aunque no sirva de nada, siempre hay tiempo. Al menos así volverán a convertirse, con menor o mayor nivel de respeto, en esos seres racionales que todos deberíamos ser. Imbéciles, sí; pero racionales.

Autor: M.M

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