Crece igual que su audiencia. Operación Triunfo sigue congregando seguidores y, a su vez, fanáticos. Estos segundos no hacen ningún bien, la verdad. Siendo realistas, son algo negativo ya sea en para un programa de televisión, un equipo de fútbol o una simple persona que hace negocio de su imagen.

“El fanatismo es ceguera”

El fanatismo es ceguera. Es subjetividad hasta el morir. Es estupidez. El fanatismo es pedantería. Y de eso en España hay de sobra. De hecho, medio país se podría dividir en seleccionador nacional, presidente del Gobierno y, ahora, juez y/o profesor de Operación Triunfo. El fanatismo, ese término tan extrapolable.

Quién es Mónica Naranjo para opinar sobre música si solo tiene un premio al artista español con más ventas a nivel mundial. Quién es Joe Pérez-Olive más que un director de marketing de, entre muchas otras, empresas insignificantes del sector como Ticketmaster. Y qué hablar de Manuel Martos. Ni que fuera director artístico de Universal Music o hijo de algún cantante nacional con más historia que la propia España.

La segunda barrera que pasan los concursantes es la de los profesores de la Academia. Dicen que hay una tal Noemí Galera al frente de la que, apuntan, se denota una ínfima experiencia en este tipo de programas. Va acompaña de Manu Guix, alguien que nunca ha pisado un musical. El plantel lo completan nombres como el de Mamen Márquez o Laura Andrés, personas que no conocen ni de lejos lo que es dar un concierto o emocionar desde el escenario a espectadores. Tampoco tiene conocimiento Joan Carles Capdevila, que solo lleva siete ediciones a sus espaldas, ni ‘Los Javis’, presente y futuro del cine español.

“Ante el desconocimiento solo queda el tongo”

Por si fuera poco, todo un gigante como Gestmusic maneja las piezas de este fantástico puzle. Incluso su director, de forma valiente, humilde y generosa, tiene que salir a explicar ante esos fanáticos que, por mucho que la tecnología exista, un rotulador sobre papel no se puede borrar y que al número cuatro, por mucho que le restes un ‘uno’, nunca va a igualar al ‘dos’.

Ante el desconocimiento solo queda el tongo. Y, con esto como premisa, únicamente se puede pensar que quien lo cree de forma concienzuda es un “verdadero imbécil”, que diría Mónica Naranjo. A todos los nombrados, y a los seguidores de verdad, les queda mucho camino que ver de una familia que continua “altanera, preciosa y orgullosa”.

Autor: M.M.

Fotografía: RTVE.

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