Ecos de desigualdad

Para este año, pido que se acabe con la violencia machista.

Diana Quer tenía 18 años la noche de agosto en la que desapareció. Tenía 18 años y toda la vida por delante. Toda una vida en la que podría haber ido a la universidad, conocer a nuevas personas, haber visto envejecer a su familia, haberse enamorado y haber tenido un trabajo y un futuro.

Diana Quer tenía 18 años la noche que decidió regresar SOLA  a su casa tras una noche de fiesta.

Y sí, por desgracia tengo que remarcar el SOLA. Y es que, que una chica vaya sola por la calle a ciertas horas de la noche (o incluso del día) es peligroso.

Porqué ir solas (y no solos) puede implicar que nos griten, que nos persigan, que nos acosen, que nos toquen, que nos violen. O que nos asesinen.

Porqué solas (y no solos) estamos en peligro.

Porqué somos mujeres.

Y porqué vivimos en una sociedad machista y conservadora. Patriarcal y poco humana.

Lo que le hicieron a Diana Quer tal vez no tenga perdón, ni remedio, ni justificación, ni defensa ni coartada posible. Pero si tiene solución, aunque no para Diana, por desgracia.

Porqué lo que le hicieron a Diana ya ha sucedido otras veces. Y sucede. Y sucederá si no ponemos remedio a este cáncer que devora a mujeres cuándo y dónde quiere: violencia machista.

Es por ello que las mujeres tenemos que cuidarnos entre nosotras. Protegernos, defendernos, ayudarnos. Luchar juntas y unidas. Con fuerza (pero no la que usan aquellos que nos hacen daño).

Cada vez que hacen daño a una mujer, nos hacen daño a todas. Porqué todas sufrimos la misma imposición y la misma injusticia.

Por eso, debemos dejar de arrastrar el lastre que (en algunos casos) arrastraron nuestras abuelas.

Debemos ser todo lo fuertes que muchas de ellas no pudieron ser.

Porqué algo si que se ha evolucionado. Pero no lo suficiente. Aún queda mucho camino por recorrer.

Debemos involucrarnos en contra de cada diminuta acción que prolongue esta enfermedad hasta erradicarla.

Debemos darnos la mano y hacer entender al resto de la sociedad que no somos menos. Que somos más. Que no somos de nadie. Y que somos libres.

Que nuestros cuerpos son nuestros.

Que si decidimos ponernos esa minifalda no es para el pervertido de turno, sino para nosotras.

Que si volvemos solas a casa no deberíamos ir con miedo, sino con la tranquilidad de que vivimos en una sociedad segura y que respeta.

Nuestra lucha es nuestra. Es de las mujeres.

Pero necesitamos también a los hombres para erradicar todo esto.

Porque la meta es la igualdad y el camino tiene que recorrerse en equipo.

 

Autora: Alba Blanco

Fotografía: begirada.org

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