En los últimos tiempos las formaciones políticas parecen discutir sobre el tema de la inmersión lingüística y sobre las cortapisas y desigualdades que ocasionan los idiomas. Ya era hora. Durante años los hispanohablantes nos hemos sentido desvalidos y en situación de indefensión en Euskadi. La política de imposición lingüística nos ha llevado a muchos a tener que abandonar nuestra tierra para probar suerte en otros escenarios laborales. Los abanderados de este nacionalismo rancio te rebatirán con lo de que “estudies el idioma”. Una lástima que ese despotismo lingüístico haya contado con la connivencia más o menos sentida del Gobierno Central.

Nací en 1983 en Álava. Mis padres, un leonés y una cacereña, optaron por matricularme en el modelo A de castellano. El euskera era una asignatura que ocupaba 4 horas semanales de nuestro horario lectivo. El colegio estaba en tránsito hacia la modernidad. El predominio numérico corría a cargo de los alumnos que cursaban el modelo B. Todas las asignaturas se impartían en euskera; salvo el castellano. Ni que decir tiene que a ojos del claustro, los alumnos del modelo A resultábamos anacrónicos. Cualquier disputa o conflicto con un alumno del B tenías las de perder.

“La política de imposición lingüística nos ha llevado a muchos a tener que abandonar nuestra tierra para probar suerte”

En las actividades extraescolares te unías a los alumnos del otro modelo. Era una época de agitación motivada por el terrorismo. Los alumnos del modelo B eran compasivos con ETA y criminalizaban a las fuerzas policiales; a las que catalagoban de represoras. Y no eran niños que contaran con influencias familiares. Para nada. Eran niños con padres de León, por ejemplo. Llamaba la atención que desde la enseñanza reglada se imbuyera de valores a los niños tan restrictivos. En los libros de texto Euskal Herria era predominante. Se daba por sentado la existencia de ese constructo mítico-imaginario.

El modelo castellano se extinguió definitivamente. En el sistema escolar el euskera estaba instalado a todos los niveles; aunque no fuera la lengua de la sociedad vitoriana. Para optar a una oposición de la Administración el euskera era el requisito que te impulsaba. El título que te capacita para presentarte a las mencionadas oposiciones se convierte en oscuro objeto de deseo de los residentes. Es cierto que se te persuade para que te inscribas en los Euskaltegi y que destines 4 horas diarias al aprendizaje del idioma. Puro denuedo. Al menos necesitarás 5 años de dedicación.

“Los alumnos del modelo B eran compasivos con ETA y criminalizaban a las fuerzas policiales”

Pese a que el Gobierno Vasco fue ocupado por PSOE-PP, la alianza constitucionalista no osó cambiar el régimen. El perfil lingüístico del euskera se mantuvo como exigencia. Lo que se conoce como el EGA. Incluso aspirantes a ese título, con pasado familiar vascoparlante se las ven y se las desean para superarlo. Exigen un nivel de minuciosidad difícil de justificar. En cambio, el castellano se da por sabido.

Mi caso resulta paradigmático por mi condición de hispanista. Superé Periodismo con la nota más alta de la Facultad. Me doctoré en Literatura Española. Me licencié en Filología Hispánica con Premio Extraordinario Final de Carrera. Obtuve el Certificado de CAP. Contaba con un expediente apto para impartir la lengua castellana, única asignatura que no se imparte en euskera. En cambio, recibí la negativa. Era imposible hasta que no superara algún examen de capacitación lingüística con el euskera como telón de fondo. Ahondando más podía advertir que el castellano era lo de menos. Maestros en Educación Infantil podían estar encargándose de dar las asignaturas de lengua castellana. Total. El euskera es lo que importa.

Cuando estudiaba el CAP en castellano, los pedagogos tenían que preguntar en ocasiones si las palabras llevaban tilde. Es la realidad. El castellano carece de valor dentro de esa estructura. Aprender un idioma se convierte en una imposición y uno acaba por exiliarse. Con la sensación de falta de equidad, de que no se ponderan más méritos que el puro requisito.

En las últimas fechas he leído que Ciudadanos pretende alterar esta realidad tan enquistada. Pretende que exista más igualdad y, a su vez, solidaridad. Muchos vascos hemos tenido que abandonar nuestro entorno familiar al sentir que nuestro ejercicio profesional estaba, si no vedado, sí muy restringido. Ahora escuchar que por lo menos se abre un debate sobre algo tan implantado nos reconforta.

“El castellano carece de valor dentro de esa estructura”

La defensa de una lengua puede realizarse sin segregar. Es preferible hacer “grácil” esa lengua, y que se facilite el uso cotidiano de la misma. Que más familias traten de implantarla en su esfera privada; antes que se convierta en un elemento de discordia y que produzca rechazo entre los hispanohablantes. Euskadi no está compuesto exclusivamente por euskaldunes, y es justo facilitar una libre elección de la lengua predominante en los estudios de sus hijos y, también, deben reservarse plazas en la Administración donde el euskera no sea lo más determinante.

Lo siento así. El castellano también debe hablarse con todos sus matices. No debe descuidarse. Espero que el ejemplo de CS cunda. Es cuestión de sublevarse ante un orden establecido que genera damnificados cada año y que segrega. Y, en el caso del euskera, que se incentive su estudio, pero no por utilitarismo; sino por atracción hacia el idioma autonómico. Que se promocione. Que esté presente. Y que no se imponga.

 

Puedes seguir a Dani Benavides aquí.

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