Llora, y esta llorando. Lleva llorando años y los gaditanos con ella. Tan bonita y a la vez tan ensuciada…

Conoces a Cádiz por el narcotráfico, por la droga, por el contrabando, por el paro. Cádiz no es eso, Cádiz es mucho más que eso, créeme.

Muchos son los acontecimientos que los últimos días atañen al Campo de Gibraltar: el rescate de un narcotraficante herido en un hospital de La Línea de la Concepción, el tiroteo no hace más de una semana en el barrio de El Saladillo en Algeciras… ¿Qué está pasando? Pasa la necesidad y por consecuente lógico, la droga. Pasa que Sanlúcar de Barrameda es el municipio español con mayor población en exclusión social, un 40% de sus ciudadanos viven en pobreza extrema y luchan por sobrevivir con 332 € al mes. Lo pregunto otra vez, ¿qué está pasando aquí?

“Las poblaciones gaditanas de Sanlúcar de Barrameda,  La Línea de la Concepción y Chiclana de la Frontera se sitúan en el top 10 del ranking sobre la pobreza extrema en España”

Todos estaremos de acuerdo en que la droga no es la solución, el contrabando parece que tampoco,  no consideraría lícito desmontar los automóviles con el fin de buscar el ínfimo recoveco para pasar la frontera con Gibraltar cargando con el material pertinente. Estas acciones no son la solución, pero ¿tú serías capaz de vivir con 332 € al mes?

“Cádiz y su puerto de Algeciras constituyen la entrada principal de la droga en España”

Esta provincia necesita una AYUDA, y en mayúsculas. Una ayuda no coyuntural, una ayuda que no se limite a la época estival. Todos amamos la fiesta de Conil de la Frontera, las olas de El Palmar, las playas de Zahara de los Atunes o la magia de Tarifa, pero pocos amamos Cádiz más allá de las semanas de Carnaval.

Los valientes aquí son los que se levantan todos los días con ganas de trabajar o de encontrarlo algún día, con ganas de vivir pasando semejantes penurias y, probablemente lo más sorprendente no sean sus difíciles circunstancias sociales sino la vitalidad de su gente, la alegría que les caracteriza. Se trata de personas que han aprendido a vivir con esa mochila llena de piedras a sus espaldas, pero a los que quiero transmitir que se puede cambiar esta situación, y no lo digo en vano, quizás la solución no esté tan lejos como todos pensamos.

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