Miércoles, diez y veinticinco de la noche. Una fila de cien metros en la calle donde se encuentra el teatro Lara. Hay gente en el centro de Madrid como suele ser habitual, pero es en este punto donde más concentración se palpa. Jóvenes y no tan jóvenes hacen cola para ver La Llamada, la obra de teatro musical que más impacto está teniendo en el último año.

Se abren las puertas y en apenas diez minutos todo el mundo esta dentro. Destaca la falta de personal de organización y, por qué no decirlo, también de seguridad. Autonomía pura: busca tu asiento y, si no lo tienes claro, espera a ver si alguien te quita de ahí.

Sin puntualidad exacta, pero poco más tarde de las diez y media, comienza la obra. Humo, mucho humo, y ovación del público. La Llamada echa a rodar con los focos puestos en Dios. Literalmente. Raoul, el fichaje estrella de Los Javis para los miércoles de octubre, tenía ante sí su segunda función encarnando el papel en la obra.

Y el resto ya se sabe. Quien haya visto la película puede olvidarse de sorprenderse en la obra, pero el entretenimiento no se baraja. Las risas del público respondían a un reparto de actores y actrices más que destacable. Diálogos similares a los que se habían escuchado en el cine pero que aún así eran bien recibidos por los espectadores. Y lo más importante: provocando ovaciones totalmente espontáneas. Tanto por los tintes cómicos como por la inconmensurable calidad de las canciones recitadas.

Raoul lucía, Nerea respondía, y el resto del reparto como Lucía Gil seguía la misma línea. Sin embargo, la gran curiosidad de la obra reside en la forma de fusionar la banda con las escenas. Presentes en el escenario y en ocasiones interactuactuando con las protagonistas dan esa continuidad necesaria a toda obra teatral con música en directo.

Finaliza la función. Más tarde de las doce y media. Ovación cerrada, público en pie y actores emocionados. Agradecidos y replicando al público que tan bien se había portado. Se apagan las luces y parece que todo ha acabado, pero no es más que una simple sensación.

 

En las puertas del teatro se amontonan los fans. Primero sale Nerea. Saluda y atiende a las decenas de seguidores que la felicitan por su gran actuación. Fotos, gritos y halagos bien recibidos por la triunfita. Y de repente aparece de nuevo Dios. Bien recibido como en la obra. Raoul detona una ola de gritos y una nueva fila: esta vez para conseguir una foto con él. Nerea se marcha con toda la atención puesta en su compañero y Raoul se mantiene durante más de media hora atendiendo a sus seguidores. No queda nadie, solo él.

Y es que el que es artista lo es durante las 24 horas del día. El éxito de los triunfitos reside en la humildad de todos ellos. La misma que les permite mantener la calma a la hora de continuar con sus carreras musicales y aceptar el papel en una obra teatral que, evidentemente, no tiene la misma repercusión que un single.

La Llamada ofrece precios considerables. Incluso en visibilidad reducida se puede disfrutar perfectamente de la obra. Si se va un miércoles, al menos se podrá recordar un dúo que no se produjo en la Academia pero que refleja el gran trabajo realizado en el programa de Gestmusic. Ya nos lo dijo Tinet: el casting va más allá de las voces, cuentan también sus historias. Y tanto Raoul como Nerea siguen alargando las suyas propias.

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